martes, 6 de agosto de 2013

Interpretación de dos historiadores.

Heinrich August Winkler.

“La caída del muro fue un símbolo”

El historiador más importante de Alemania, Heinrich August Winkler, habla sobre el significado del muro de Berlín, las razones del colapso del sistema socialista en Alemania Oriental y sobre cómo el 9 de noviembre de 1989 también repercutió en América Latina.


¿Qué significó el muro de Berlín para Alemania?

Cuando el muro fue construido, éste significó literalmente la cementación de la división nacional. Para los ciudadanos de la RDA, el muro representó la imposibilidad de comprar un tiquete de metro para viajar al occidente 
de la ciudad, al “reino de la libertad”, como lo llamaba el filósofo Ernst Bloch en alusión a Karl Marx. A partir de 1961, los alemanes orientales debieron adaptarse mucho más que antes a un régimen en que no habían elegido vivir. Y los occidentales tuvieron que sentar los fundamentos de una política para relacionarse con el este.

¿Y qué significó la caída del muro?

Muchos alemanes occidentales creyeron que nunca vivirían la reunificación de Alemania como nación. No lo creyó siquiera Willy Brandt, el primer canciller socialdemócrata, que desarrolló una política de acercamiento llamada “Ostpolitik”. Por esta razón y a pesar de que días antes del 9 de noviembre de 1989 ya se sabía que los ciudadanos de la RDA podían pasar al occidente, la caída del muro fue toda una sensación. De hecho, la Cortina de Hierro se abrió desde que fue permitido viajar a Checoslovaquia y de allá entrar a Alemania Occidental. Así, a más tardar el 3 de noviembre de 1989, el muro ya había perdido su función. Si bien la caída del muro sacudió al mundo, ésta fue sólo un símbolo.

¿Cuales fueron las causas de la caída del muro?

La Revolución Pacífica, que comenzó en Polonia con la fundación del sindicato Solidarnosc en 1980, fue una de las causas fundamentales de todo lo que sucedería en el este y centro de Europa en 1989. Otra causa fundamental fue Mijaíl Gorbachov. Sin el debilitamiento de la Unión Soviética y sin su derrota en la carrera armamentística, económica e ideológica, la Revolución Pacífica no habría sido posible. Tampoco, la caída del muro. Y mucho menos, la Reunificación Alemana.

¿Hubo más causas?

Dos más. Por un lado, la fuga masiva de los ciudadanos de la RDA hacia el oeste. El muro había sido construido para evitar eso. Y sin embargo, la estampida que llegó a los países vecinos llevó a Alemania Oriental al borde del desangramiento. La fuga se convirtió en un problema existencial para la RDA. La gente gritaba: “¡Queremos salir!” Y los que no se querían ir clamaban: “¡Somos el pueblo!” De ahí se desprende el segundo factor: las multitudinarias manifestaciones de septiembre y octubre de 1989. Éstas pusieron en claro que la Unión Soviética no podría reaccionar a la crisis de la RDA con medios como la intervención militar. Esto lo comprendieron los alemanes orientales el 9 de octubre de 1989, después de que en Leipzig tuviera lugar una enorme manifestación sin que se derramara una sola gota de sangre. Esa protesta fue un acto de gran valentía.


¿De que manera influyó Alemania Occidental en la revolución?

El alto grado de realismo y la disposición cooperativa que mostró la “República de Bonn” fueron un impulso definitivo. La revolución fue una consecuencia lógica de la “Ostpolitik” de Willy Brandt. Helmut Kohl, que fue elegido en 1982, continuó con esta política de acercamiento, contradiciendo así los lineamentos de su propio partido. Incluso conservadores tan radicales como el bávaro Franz-Joseph Strauß permitieron la aprobación de créditos millonarios a la RDA. Sin esta enorme ayuda financiera, la RDA habría dejado de existir mucho antes. Y ese fin sí habría sido sangriento, habría sido catastrófico. Vista así, la “Ostpolitik” contribuyó a que la revolución tuviera lugar sin violencia.


¿Qué rastro ha dejado el muro de Berlín en la sociedad alemana?

Dejó una huella que se traduce en el atraso económico de los nuevos estados federados. En 1989, no sólo el Estado oriental estaba en bancarrota, sino también la economía. La industria no era competitiva en el nivel internacional. Y esto no ha podido superarse hasta hoy. Aunque hay regiones prósperas como Leipzig y Jena y nuevas tecnologías han arribado, ahora como antes el desempleo en el este es dos veces más alto que en el oeste. Esto, en gran parte, es un vestigio de la RDA.

¿Y qué más dejó la división?

Aún se perciben rastros. Jürgen Habermas dijo una vez sobre los alemanes occidentales que su apertura desprejuiciada hacia la cultura política de Occidente es uno de los grandes logros intelectuales del tiempo de la posguerra, del cual nuestra generación puede estar orgullosa. Esto, a la vez, quiere decir que aunque la cultura alemana siempre había sido una parte de Occidente, por largo tiempo Alemania se había rehusado a apropiarse completamente de la cultura política del mundo occidental, es decir, de las consecuencias políticas de la Ilustración. 

En el oriente de Alemania, en cambio, esa apertura hacia la cultura política occidental no tuvo lugar en 1989, sino después. En Alemania Oriental existía, más bien, la tradición del Estado paternalista, que en gran medida estaba conectada con una tradición alemana, más específicamente con el Estado social de Bismarck. Y esto perdura hasta hoy. La necesidad de seguridad es más alta en los nuevos estados federados que en los viejos estados occidentales. Y en los miembros del nuevo partido de izquierda “Die Linke”, como en el antiguo PDS o en el más remoto SED, todavía se encuentran considerables reservas hacia las posibilidades de las democracias pluralistas y representativas occidentales, así como una fe casi ingenua en el Estado, una fe que en Occidente ya no existe. Por esta razón pienso que las culturas políticas de Alemania aún no se han unido completamente.

También se dice que el muro permanece en la cabeza de los alemanes.
Eso es exagerado. Yo no iría tan lejos. Aunque sí hay diferencias en la mentalidad así como en los ingresos y en el bienestar. La división alemana duró 40 años, su superación podría durar otros 40. Eso quiere decir que estamos a mitad de camino.

¿Existió una cultura en el oriente y otra en el occidente?

Hubo una cultura común superior y hubo muchas culturas cotidianas muy diferentes. El occidental Günter Grass y la oriental Christa Wolf fueron leídos en las dos partes de Alemania. Además, seguía habiendo una fuerte conexión con el legado común. Me refiero a la literatura clásica, que en la RDA supieron cuidar, o a la música sacra de Bach. Estas cosas fueron el fundamento de un sentimiento de pertenencia a una sola nación que existió a pesar de la división.

¿Tendrán las nuevas generaciones que cargar con el peso histórico de la división?

Las nuevas generaciones no estarán tan marcadas. Entre mis estudiantes aquí en la Universidad Humboldt cada vez me cuesta más trabajo distinguir entre alemanes occidentales y orientales. Y eso es muy bueno. Ya todos son muy parecidos: les gusta salir de Alemania y viajar, en especial por países occidentales. Esta generación desarrollará una mentalidad muy distinta.
(fuente: http://www.semana.com/mundo/articulo/la-caida-del-muro-simbolo/109528-3)





Osvaldo Bayer, un testigo privilegiado



El historiador y periodista argentino Osvaldo Bayer (Santa Fe, 1927) fue un testigo presencial de la construcción y de la caída del Muro de Berlín. El 13 de agosto de 1961, se encontraba en la República Democrática Alemana (RDA), invitado como periodista para ver cómo empezaba a ser edificado el “Muro de Protección Antifascista”. Veintiocho años después, la caída de lo que los occidentales llamaban “el Muro de la vergüenza” lo encontraba en el barrio berlinés de Kreuzberg, donde se había exiliado durante la última dictadura argentina (1976-1983). El autodenominado anarquista y autor de La Patagonia Rebelde conversó con RFI sobre estos dos momentos históricos.




-¿En qué circunstancias presenció la construcción del Muro de Berlín?
- Yo era secretario general del sindicato de prensa (el gremio de los periodistas) y nos invitaron a cinco de nosotros para visitar la RDA. Nos habían invitado junto a otros periodistas del mundo porque al día siguiente comenzaba la construcción del muro. Y era para explicarnos. Esa noche no pudimos dormir del ruido de los camiones que iban por Unter den Linden -la avenida principal de Berlín- hacia la frontera con el Berlín occidental y llevaban los elementos de construcción para empezar a levantar el muro. ¡Fue algo increíble, si uno escribe con eso una novela no lo creen! O creen que uno había fumado, como dicen... No lo podíamos creer.
Y nos dijeron por qué hacían eso. Decían que en una sociedad así abierta no podían realizar el socialismo porque Estados Unidos había hecho de Berlín la gran vidriera de Occidente; había invertido muchísimos millones de dólares y entonces la diferencia entre los dos Berlín era muy grande. Pero la equivocación vino ya de Stalin. La Unión Soviética había conquistado Berlín y le dieron la mitad de la ciudad a los aliados occidentales. Stalin recibió una provincia del sur de Alemania, donde estaba Leipzig. Y se equivocó, porque Estados Unidos se hizo fuerte en esa mitad de Berlín y mostró de qué es capaz el capitalismo cuando sabe invertir. Fue una especie de ventana hacia Occidente, un problema que nunca pudo regular el sistema comunista y que al final va a provocar la caída del Muro y el fin del mundo comunista.
- Usted también estuvo presente en la caída del Muro…
- Sí, estaba viviendo en Kreuzberg [barrio popular de Berlín occidental], donde pasé mi exilio. Recuerdo que empezamos a escuchar la radio que decía que la gente salía, que la gente salía, van todos al Muro. Así que fuimos al Muro. Cuando se abrieron las puertas, los guardianes del este no pusieron ningún impedimento y empezó a llegar la gente del este y nos abrazábamos todos. Era una gran alegría y dice a las claras que los muros nunca pueden terminar con la libertad. Ante todo, el respeto de la libertad de los pueblos.
- Veinte años después de la caída, ¿en qué medida se logró la reunificación de Alemania?
- La unificación de Alemania se ha logrado, pero es el sistema capitalista. Hay mucha gente que se ha sentido desamparada. Está bien que los desocupados cobran una especie de ayuda y todo lo demás. Pero se han perdido algunas cosas buenas, tal vez pocas, pero buenas que había hecho el comunismo. Por ejemplo, en las fábricas estatales el último piso estaba dedicado a comedores y salas de juegos para los hijos de los obreros y para la reunión de las familias. Así que cuando terminaban el horario de 8 horas, a la noche, las familias venían a visitar a los obreros y podían cenar y los chicos jugar en ese piso y hacían una gran amistad. Llegó el capitalismo y eso se acabó. El último piso también tiene que ser productivo. Y si quieren ir, que vayan a la hostería de la esquina. Hay algunas de esas instituciones comunitarias que se han perdido y eran lo poco bueno que hizo el comunismo. El capitalismo no tendría que haberlas sacado, tendría que haberlas respetado
(fuente:
http://www.rfi.fr/actues/articles/119/article_13408.asp)


No hay comentarios:

Publicar un comentario